Reseña: Doña Pancha Fest 2k17

Han pasado algunas semanas de nuestra segunda aventura dentro del Festival Doña Pancha, pero sin duda los recuerdos siguen muy presentes. Un escenario en un espacio cavernoso, como dentro de una catedral y otro más pequeño bajo de un horca, iluminado apenas por una luz roja, fueron los focos de atención y el refugio de quienes ese día pudimos experimentar de todo un poco.

Un festival donde nos paseamos entre la contemplación y la rabia, de voces desgarradoras a voces calmantes, de la solemnidad al humor retorcido y de ahí al baile y el éxtasis. Un mosaico de proyectos e ideas por y para el underground de nuestro ranchito, que nos recuerdan la infinidad de mundos que caben dentro de la música y de lo poco sano (y divertido) que resulta casarse con una idea en particular.

Solo podemos esperar que a los organizadores les queden ganas de seguir maquinando año tras año tardes como aquella, donde se bailó hasta quedar en el piso, inertes y con una sonrisa en el rostro. Abajo hay algunas fotografías del festival.

Fotografía por: Isaac Anaya

Texto por: Alfredo Ávila